JORGE MIYAGUI

A R T E   T O T A L

INDIVIDUALES

TINKUY CÓSMICO

Galería del IPCNA. Miraflores 2018

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Conversación entre Jorge Miyagui e Issela Ccoyllo

09 de febrero de 2018

 

 

Issela Ccoyllo: Jorge, en tu última exposición «Manifiesto» nos invitabas a transitar por un presente lleno de memoria sobre la violencia política. A casi tres años de esa exposición, ¿qué es Tinkuy Cósmico?

 

Jorge Miyagui: Creo que he seguido desarrollando algunas ideas que estaban presentes en Manifiesto, como resignificar la noción de lo que consideramos sagrado. Tenía la intuición de que había que romper con algunas concepciones religiosas y políticas que ubican la plenitud y lo trascendente fuera de este mundo o en un idealizado futuro para valorar nuestras luchas, nuestras memorias, nuestros afectos y nuestros quehaceres en el aquí y el ahora, así estaban presentes María Elena Moyano, Pedro Huilca, las madres de la Anfasep y Edwin Chota.

 

El retrato de Edwin Chota hacía referencia a cómo este líder asháninca —asesinado por mafias de madereros ilegales— consideraba su familia a los árboles. Si uno se acerca a las cosmovisiones originarias de distintas partes del mundo, no solo la amazónica o la andina, se encuentra que comparten la idea de que todos los elementos del mundo pueden estar animados, que no son solo cosas o recursos sino seres sensibles y con voluntad cohabitando con nosotros. Si lo sagrado está en el mundo, esto se manifiesta de distintas maneras y hay que aprender a verlas para vivirlas. Tinkuy Cósmico intenta hacer dialogar mis conmociones y caminos personales con estas perspectivas.

 

Issela Ccoyllo: ¿Cómo se relaciona esto con la idea de transformación social? ¿Cómo definirías esta propuesta dentro de lo que sueles llamar «proyecto emancipatorio»?

 

Jorge Miyagui: Dejar de considerar a los distintos seres del cosmos como meros recursos naturales y recursos humanos tiene implicancias muy grandes porque la industrialización y la modernidad se han construido en base a la dominación y la explotación de seres humanos, y de la llamada naturaleza. Si somos conscientes de que no somos autosuficientes y que pertenecemos a una gran comunidad cósmica tendríamos que cambiar la forma en cómo nos relacionamos con las personas, con los animales, con las plantas, con las estrellas, etc. Creo que una perspectiva así nos exige una apertura de cariño y reciprocidad incompatible con el modelo de civilización actual.

 

Issela Ccoyllo: Sobre esa premisa, ¿qué quieren estas imágenes? Esta es una pregunta que viene del título del libro de J.W.T. Mitchell —referente fundamental en el campo de los estudios visuales que han contribuido a analizar los procesos de construcción cultural enfocándose en «la vida social de las imágenes»—.

 

Jorge Miyagui: La idea de voluntad en las imágenes de Mitchell es —como él mismo dice—  solo una metáfora, pero habría que preguntarnos por qué no atribuimos la condición real de sujetos a los objetos que parecen inanimados. Es ésta una característica de nuestros pueblos originarios, Eduardo Viveiros explicando el «perspectivismo amerindio» afirma que «todo en el pensamiento indígena puede ser sujeto; pero es imposible saber si todo […] es sujeto.» Depende de los contextos y las relaciones. En mi caso, durante todo el proceso de producción de estos cuadros pensaba en la idea de la apertura, el puente, el encuentro, la confluencia, es decir: el Tinkuy Cósmico. Pintar era una forma de dialogar, ofrendar, escuchar a los distintos seres que me acompañan. Entonces, aun no sé qué quieren ni que quieran en el futuro estas imágenes, pero al haberlas producido con cariño espero que sus propósitos estén en resonancia con los míos.

Entre la modernidad y las cosmovisiones originarias

 

No solo las vanguardias europeas incorporaron el arte y la cultura no occidental a la imaginación artística moderna. Ya en 1855, el artista peruano Francisco Laso (1823-1869) había pintado El habitante de la cordillera –conocida también como El indio alfarero – otorgándole una dignidad que rara vez se encuentra en las representaciones de las clases marginadas en la cultura visual del siglo XIX (1). Los problemas del inicio del Perú republicano son registrados en las pinturas de Laso en su búsqueda por integrar la esfera pública con la esfera privada, enfatizando la nobleza de los indios y negros aún excluidos de la sociedad. Más adelante, a inicios del siglo XX, las vanguardias históricas europeas abrieron una ventana hacia el conocimiento de otras culturas, efectuando una ruptura con la tradición y buscando eliminar las jerarquías entre las diferentes categorías hasta entonces consideradas como no artísticas o secundarias (2). Destaca el acercamiento de Vassili Kandinsky (1866-1944) y su movimiento Blaue Reiter (El Jinete Azul) a las culturas no europeas, que desechó prejuicios academicistas. Como en el caso de Laso, estas manifestaciones de encuentro y conectividad con el otro fueron invisibilizadas por la historia del arte moderno.

 

Emergentes propuestas de revisión de la historia canónica buscan abarcar las numerosas formas de expresión excluidas de los valores de la modernidad. Se basan en estudios políticos y teóricos, como los estudios culturales y visuales. En esta construcción de una identidad colectiva y un nuevo modelo cultural, el campo de la pintura ha sido un espacio de lucha constante. Jorge Miyagui, consciente de su herencia occidental, investiga y hace eco de las identidades culturales plurales. Las obras que exhibe en Tinkuy cósmico constituyen un manifiesto decolonial con el que intenta crear visiones de comunidad entre diversas culturas condicionadas por el patrón colonial de poder, que implicaba la desechabilidad de sus vidas y el consecuente intento de destrucción de sus cosmovisiones (3).

 

En el contexto de la globalización y la interculturalidad, su apuesta ética, estética y política es una invitación a transitar por un presente cargado de vínculos afectivos y reciprocidad hacia la conservación de nuestra diversidad cultural y el reconocimiento de las identidades de diversas etnias que por mucho tiempo fueron consideradas amenazas para la armonía social (4). No hay peor relato crítico que el de ser un país megadiverso que oscila entre la celebración y la subvaloración de sus culturas.

 

Por un nuevo imaginario

Desde tiempos ancestrales, naturaleza y cultura coexisten como una ventana abierta a través de la cual distintas cosmovisiones originarias comparten la idea de que todos los elementos del mundo están animados, que no son solo cosas o recursos sino seres sensibles y con voluntad. Las plantas, las montañas, los animales, las estrellas cohabitan con nosotros y con nuestros muertos.

 

Experimentar la vida como parte de esta gran comunidad exige una apertura basada en el afecto y la reciprocidad, un diálogo vital que Miyagui iniciara en su exposición Manifiesto (5) del 2015 con su obra Butsudán / Pagapu, una ofrenda con elementos del pagapu (la Pacha en la Cosmovisión Andina) y del butsudán (altar de protección familiar japonés para rendir culto a los muertos de la familia). A modo de ritual personal, el artista plasma en esta ofrenda su raigambre tanto en la cultura andina como en la japonesa, compartiendo con el público visitante la celebración del vínculo con la vida y con los seres del cosmos.

 

Tinkuy cósmico es un relato crítico que revela el compromiso humanista de Miyagui con la cosmovisión de nuestras culturas originarias. Siguiendo sus propias estrategias de apropiación e hibridación contemporáneas, construye un discurso usando la pintura –que durante la colonia fue instrumento para la evangelización– para darle lugar a nuestras deidades andinas. A partir de la lectura del Manuscrito de Huarochrí, el filósofo Zenón Depaz afirma que un dios puede ser uno, dual o múltiple, un dios diverso, porque la diversidad es característica de lo real. No hay un dios verdadero, todos son verdaderos aquí o allá. (6)

 

Deidades como los apus, el agua en su forma de mar o río, seres ancestrales de nuestra imaginería prehispánica y popular –a cuyas historias podemos acceder gracias a tradiciones orales rescatadas en lecturas de mitos de origen– así como personajes de nuestra historia reciente, destacan entre los íconos de la serpiente y la escalera que representan la conexión entre el cielo y la tierra. Todos ellos se dan encuentro en pinturas que revelan un gran ánimo vital y relatan las similitudes en símbolos, saberes y tradiciones que han viajado en el tiempo y el espacio hasta nuestros días.

 

Jorge Miyagui se apropia de estos signos tradicionales, religiosos y sociales para incorporarlos a lo contemporáneo, generando así un encuentro entre diversos seres y elementos del mundo globalizado. Se vale, para ello, de la historia del arte, de imágenes de archivo, de íconos religiosos, de imágenes de la cultura popular, de Internet y de la lectura de libros, haciendo de su pintura un puente entre lo académico y lo popular. Una actitud política de visibilidad, de estrategia pictórica.

 

Issela Ccoyllo

Enero 2018

 

Notas

 

1)   Majluf, Natalia. Más allá del texto: Francisco Laso y el fracaso de la esfera pública. Buenos Aires, 2009. En línea: http://www.esteticas.unam.mx/edartedal/PDF/Buenosaires/complets/Majluf-buenosaires.pdf

 

2)   Grenier, Catherine. “Le monde à l’envers?” (“¿Un mundo al revés?”). En Modernités Plurielles 1905-1970. Centro Pompidou, París, 2013.

 

3)   Pérez Rubio, Agustín; Giunta, Andrea. Verboamérica. Colección MALBA. Buenos Aires 2016. Para ahondar en las teorías poscoloniales véase: Quijano, Aníbal. “Colonialidad del poder, eurocentrismo y América Latina”. En: Globalización y diversidad cultural. Una mirada desde América Latina. Pajuelo, Ramón; Sandoval, Pablo (eds.), IEP, Lima, 2004.

 

4)   Informe sobre el desarrollo humano: La libertad cultural en el mundo diverso de hoy. PNUD, 2004. En línea: http://hdr.undp.org/sites/default/files/hdr_2004_es.pdf

 

5)   Ccoyllo, Issela. “Activar la memoria y el corazón”. Catálogo de la exposición Manifiesto de Jorge Miyagui. Fundación Euroidiomas, Lima, 2015.

 

6)   Entrevista a Zenón Depaz Toledo por Gustavo Flores Quelopana, sobre el Manuscrito de Huarochirí. Video en línea “Cosmogonía Andina y vida potencial”, publicado el 9 de setiembre 2016. En línea: https://www.youtube.com/watch?v=FK4rl_HIPyE&t=774s

Tinkuy cósmico: un manifiesto para el buen vivir

La que ahora entrega Jorge Miyagui con el nombre de Tinkuy cosmico es una concepción orgánica del mundo y la vida en tiempos tan urgidos de propuestas esperanzadoras. Instalado cada vez con mayor seguridad en la matriz de la civilización andino-amazónica, redefine significados y reasigna ubicación a las creaciones de otros pueblos, empezando, desde luego, por potenciar las coincidencias con la cosmovisión japonesa que mamó en la fuente hogareña. La crítica descolonizadora presente en su obra pasa de la alegre rebeldía de la protesta anterior a la densa acción superadora y afirmativa. Por eso, ante la pregunta por la novedad de temas, mensajes y factura estética de lo que ahora expone, bien podría responderse haciendo suya la frase de Mariátegui: “He madurado más que he cambiado”. Porque la celebración de la vida y la producción de la alegría en el gozo del esfuerzo compartido de los seres son el núcleo o eje organizador de lo que el artista nos propone. La exposición es, por esta razón, un manifiesto para el buen vivir.  

En clara crítica a la concepción ética y estética de la modernidad occidental, Miyagui empieza reivindicando el misterio como experiencia humana primordial, título de uno de sus cuadros, y el potencial genésico de la tiniebla, del yana (negro) y del tuta (noche) para producir la explosión de la diversidad de la vida, las formas y los colores. Lo proclama el políptico de su arte poética. Nos reitera el artista que el asombro primordial de los humanos no se agota en el temor o el miedo pánico que nutrió y nutre la rigidez del poder jerárquico de las iglesias colonizadoras. Ese asombro nutre también el sentimiento cósmico de la vida con que los pueblos, desde tiempos inmemoriales, han elaborado mitos y rituales en que el canto y la danza, acompañados de instrumentos musicales y de bebidas espirituosas y hojas como las de la coca o lianas como la ayahuasca han tenido un papel primoridal para crear civilización. Cerquita al corazón, el cuadro que canta la fértil huella de Chalena Vásquez, nos dice de la producción milenaria de la alegría. Como nos dice el cuadro Medicina, en que un Corazón de Jesús junto al supay limpian al enfermo.

Del asombro ante el misterio primordial de la vida infinita, los pueblos han elaborado su agradecida reciprocidad. Su “gracias a la vida” no solo lo cantan. Lo hacen ofrendas a seres y lugares sagrados. El artista nos entrega varias en que la tradición andina del pagapu o la japonesa del budsudan se potencian mutuamente. Nos convoca el artista a movilizarnos para recuperar o fortalecer los vínculos fraternales con los demás seres. Podría decirse que toda la muestra es una sola gran ofrenda. Un gracias a la vida. Un canto de florecimiento.

Para ese fin, lo que propone no es extirpar o excluir todo lo que otros pueblos trajeron o nos ofrecen ahora. La descolonización que nos propone supone  redefinir los significados y la ubicación de lo que llega. Porque ni Gregorio Condori prescinde de Santiago Mataindios ni Mariano Larico, el canillita de Mariátegui, de la tecnología para mantenerse comunicado con todos los seres del universo. Liberarse para florecer es multiplicar al infinito los vínculos.

El florecimiento que nuestro artista nos propone se aprecia en su tratamiento de Illapa, una de las deidades más antiguas, si no la más antigua, del panteón andino. En su exposición del 2008, un cuadro mostraba a una enérgica joven y a trabajadores en un paisaje de vida urbana salpicado de rayos y de la frase “Illapa reposición”. La extirpación de la deidad se asimilaba al despido de los trabajadores. Interesaba saber cómo sería la reposición de Illapa. Siguiendo la matriz de la civilización andino-amazónica, el antecedente de Guamán Poma de Ayala. La lucha descolonizadora de Miyagui redefine la función del santo cristiano que la conquista y la colonización asimilaron al Illapa. Aparece cargado, pero no en andas sino amarrado a la espalda de Gregorio Condori, que sonríe discreta pero plácidamente. El antiguo y temible Santiago es ahora el gracioso y pequeño Tayta Shanti que lo acompaña. El cargador más humilde carga y controla al santo aterrorizador. Maravilla del Pukllay sanador andino.

El cuadro El camino cierra por ahora el proceso de Illapa. Ha sido ‘repuesto’, como exigía el reclamo de hace una década. En el impresionante cuadro de una noche brillantemente oscura irrumpe la serpiente cósmica para recuperar algunas de sus antiguas tareas: iluminar la inmensidad de la casa que habitamos y desatar el agua que, convertida en cursos de agua, fertiliza campos y bosques y da vida a todos los seres que los habitan. El renacimiento de una civilización en los Andes amazónicos significa revitalizar la matriz civilizatoria y fecundarla con los aportes de los pueblos de todo el planeta para celebrar la vida, para vivir el amor sin doble moral. Y en eso coincide con otras cosmovisiones del mundo.   

 

Edmundo Murrugarra

Enero 2018