JORGE MIYAGUI

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LA COTIDIANIDAD ES UN CAMPO DE BATALLA 
(lo reflejo significante) 



Acción realizada en el Centro Cultural Español de Lima, dentro del ciclo de performances “GESTO, simulacros de lo real”, el 26 de septiembre de 2005 por el performer Diego Barrenechea. 


MARCO TEÓRICO 

LA COTIDIANIDAD ES UN CAMPO DE BATALLA". A partir de la frase de Barbara Kruger (“tu cuerpo es un campo de batalla”) referida a las luchas de movimientos feministas se plantea otra lucha mas amplia y con un potencial articulador de distintos actores sociales. Afirmar la cotidianidad como campo de batalla, re-significando el territorio lúdico (campo de frontón) con un contenido confrontacional, significa entender el poder de una manera descentrada, no anclado solamente en el Estado y en la administración de este. Significa entender el poder como una trama de relaciones sociales y reconocer el sistema capitalista no solo desde la opresión económica y política, si no como modelo de civilización, implicando los modos como nos relacionamos con la sociedad.

Gramsci hablaba de hegemonía para referirse a los sentidos comunes que son asumidos por distintos sectores en consonancia con el patrón de poder. Por eso tomar el Estado no basta. No hay nada más lamentable que el discurso de la dominación reproducido por l@s dominad@s. Las mujeres que aceptan la violencia machista de la sociedad como algo normal, el homosexual que acepta la discriminación homofóbica porque lo asume como práctica social habitual o castigo de dios, el portero que no deja entrar a una discoteca exclusiva a sus compatriotas por su fenotipo étnico, el artesano que asume que la obra de un pintor tiene mas valor solo porque ha accedido a un conocimiento académico, etc.

Esta concepción descentrada del poder nos abre posibilidades de lucha política y simbólica. Si la dominación tiene carácter civilizatorio, la resistencia debe empezar en nosotr@s mism@s, en el proceso de reconocer y visibilizar cómo podemos estar reproduciendo el sistema de manera inconsciente y mecánica. Marcusse decía que uno es mas libre mientras mas consciente de la dominación es. La resistencia pasa por una confrontación con nosotr@s mism@s como base para la acción orgánica y articulada. Es en el espejo donde se sugiere el espacio de  confrontación real, el espejo devuelve la imagen del espectador con la frase " 
LA COTIDIANIDAD ES UN CAMPO DE BATALLA" como invitación al juego de resistencia (juego o lucha, ludicidad o belicidad).

Se plantea entonces un movimiento triple en la representación simbólica de un acto social sobre la base de una teoría descentrada de las categorías que nos acercan al arte y la sociología, desdibujando los límites entre artista y público, entre acción y representación simbólica:



Primer movimiento: el público performer. 

La acción invita a interactuar con el público, quien completa la acción simbólica al confrontarse con su imagen, al entrar en la dinámica del juego del frontón usando el territorio demarcado a manera de cancha: espacio para el reconocimiento mutuo y la ciudadanía inclusiva.



Segundo movimiento: de lo reflejo (simbólico) a lo real. 

Canclini afirma que el arte pocas veces es acción, sino más bien actuación. Se refiere a que, generalmente, no se logra transformaciones reales en la estructura material del sistema y de lo que se trata es de representaciones simbólicas de las acciones sociales. Esto es relativizado cuando el movimiento del espacio reflejo del espejo se confunde con el espacio real, hay un diálogo en donde no se ubica certeramente el espacio en donde sucede el juego. (la acción es real y dentro de una representación simbólica)



Tercer Movimiento: de lo lúdico a lo bélico. 

La belicidad no está entendida en relación a la lógica armamentista sino al de empoderamiento significante (lucha por el poder simbólico). El juego al re-significarse no pierde su contenido lúdico y lo bélico se presenta como resistencia simbólica y como confrontación con la propia imagen.

 

"...la proclividad de dichos gobiernos a la solución militar sin control civil estuvo en consonancia con un considerable sector de la sociedad peruana, principalmente el sector urbano medianamente instruido, beneficiario de los servicios del Estado y habitante de zonas alejadas del epicentro del conflicto. Este sector miró mayoritariamente con indiferencia o reclamó una solución rápida, dispuesta a afrontar el costo social que era pagado por los ciudadanos de las zonas rurales y mas empobrecidas.” Conclusión 77 CVR 


Jorge Miyagui - Septiembre 2005